{"id":1858,"date":"2025-08-05T22:09:27","date_gmt":"2025-08-05T22:09:27","guid":{"rendered":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/?p=1858"},"modified":"2025-08-05T22:20:01","modified_gmt":"2025-08-05T22:20:01","slug":"el-malestar-digital-y-la-ilusion-de-la-libertad-freud-en-la-era-del-encierro-voluntario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/el-malestar-digital-y-la-ilusion-de-la-libertad-freud-en-la-era-del-encierro-voluntario\/","title":{"rendered":"El Malestar Digital y la Ilusi\u00f3n de la Libertad."},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Oscar Demuru<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\"><strong>En su ya cl\u00e1sico <em>El malestar en la cultura<\/em> (1930), Sigmund Freud advert\u00eda que la vida en sociedad requer\u00eda un precio inevitable: la represi\u00f3n de nuestros impulsos. Para lograr la convivencia, el ser humano deb\u00eda sacrificar parte de su libertad instintiva, aceptando normas, l\u00edmites, mandatos morales. Era el costo de la civilizaci\u00f3n.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\"><strong>Hoy, casi un siglo despu\u00e9s, ese malestar no ha desaparecido. Se ha metamorfoseado. El sacrificio no se exige a trav\u00e9s de la represi\u00f3n abierta, sino mediante formas m\u00e1s sutiles, m\u00e1s eficaces, m\u00e1s aceptadas. Nos creemos m\u00e1s libres que nunca, pero \u00bflo somos realmente?<\/strong><\/span><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\">La libertad en la sociedad contempor\u00e1nea ha dejado de ser un derecho concreto, que se ejerce y se defiende, para transformarse en una sensaci\u00f3n. Una percepci\u00f3n subjetiva cuidadosamente administrada por sistemas tecnol\u00f3gicos que prometen autonom\u00eda, pero en realidad nos conducen a una dependencia estructural. Creemos elegir, pero la mayor\u00eda de nuestras decisiones est\u00e1n condicionadas por algoritmos que nos conocen mejor que nosotros mismos. El resultado: una libertad aparente, superficial, emocional. Una libertad sin conciencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\">Lo m\u00e1s inquietante \u2014y profundamente ir\u00f3nico\u2014 es que esta forma de sometimiento no solo no es resistida, sino que es aplaudida, defendida, venerada. La mayor\u00eda social no percibe la p\u00e9rdida de autonom\u00eda como un problema, sino como parte del confort. El encierro voluntario frente a las pantallas es interpretado como elecci\u00f3n. La vigilancia masiva es justificada en nombre de la comodidad. La hiperexposici\u00f3n de la vida \u00edntima se convierte en capital social. \u00bfY qui\u00e9n se atrever\u00eda a decir algo? En la era de la correcci\u00f3n pol\u00edtica digital, la censura ya no viene de afuera: se ha internalizado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\">Freud explicaba c\u00f3mo el supery\u00f3 actuaba como una instancia que regula la conducta moral desde el interior del sujeto. Hoy, ese supery\u00f3 ha sido sustituido por una conciencia algor\u00edtmica: no nos dice qu\u00e9 est\u00e1 bien o mal, sino qu\u00e9 es tendencia, qu\u00e9 se viraliza, qu\u00e9 conviene mostrar. Se piensa menos, se imita m\u00e1s. Se siente mucho, se razona poco. La libertad individual se reduce a la capacidad de elegir entre infinitas variantes preformateadas: productos, contenidos, estilos de vida. Todo est\u00e1 permitido, menos desconectarse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\">La paradoja es brutal: cuanto m\u00e1s celebramos esta supuesta libertad, m\u00e1s nos alejamos de su verdadero significado. Como se\u00f1ala Byung-Chul Han, otro pensador del malestar moderno, el sujeto actual ya no necesita ser oprimido: se autoexplota, se vigila a s\u00ed mismo, se exige rendimiento. Y en ese proceso, se va deshumanizando. Ya no hay tiempo para el otro, ni para el encuentro, ni para el disenso. Solo para el consumo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\"><strong>\u00bfEstamos condenados a esta iron\u00eda? <\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\"><strong>\u00bfA vivir en una sociedad que aplaude lo que la debilita, que venera a sus nuevos amos tecnol\u00f3gicos mientras cree ser libre?<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\">Quiz\u00e1s no. Pero para revertirlo hay que asumir una verdad inc\u00f3moda: la libertad no se hereda ni se descarga, se construye. Y exige conocimiento como emancipaci\u00f3n, pensamiento cr\u00edtico, educaci\u00f3n emocional, valent\u00eda para ir contra la corriente. Es m\u00e1s dif\u00edcil, claro. M\u00e1s inc\u00f3modo. Pero tambi\u00e9n m\u00e1s humano.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 18px;\">Freud, con su mirada oscura pero certera, nos advirti\u00f3 que el malestar era inherente a la cultura. No hay salida f\u00e1cil. Pero eso no significa resignarse. Tal vez la verdadera libertad, hoy, consista en recuperar la capacidad de dudar, de decir no, de apagar la pantalla y volver a mirar al otro, no como una imagen, sino como un ser real<strong>. All\u00ed empieza el desaf\u00edo. Y tambi\u00e9n la esperanza<\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1861,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8,9],"tags":[],"class_list":["post-1858","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-informes","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1858","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1858"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1858\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1863,"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1858\/revisions\/1863"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1861"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1858"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1858"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.fundarweb.org.ar\/fundar\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1858"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}